Recuerda durante unos minutos el momento en que viste por primera vez a cada uno de tus hijos.  ¿Recuerdas el asombro, la maravilla, la fuerza que emanaba en esos primeros momentos de una nueva vida? Tan pronto como se llevó al bebé a casa, la vida se convirtió en un esfuerzo por sobrevivir cada día, por enfrentar cada nuevo ajuste y cada etapa nueva.  La maravilla y el asombro a veces se diluyen en el recuerdo, abrumado por el inmenso trabajo que significa criar a un hijo.

¿Cuándo dormirá el bebé una noche completa? ¿Cuándo se sostendrá de pie? ¿Cuándo caminará? Nos pasamos horas calculando horarios de alimentación y tablas de desarrollo, y discutiendo con interés sobre las diferentes formas de entrenarlo para ir al baño.  Las semanas y los meses se pasan volando.  Antes de que nos demos cuenta, nuestros bebés ya caminan y debemos tomar decisiones críticas acerca de la disciplina.  ¿Debemos dar de vez en cuando alguna nalgada? ¿Y qué sucede con las salidas? Llegan los días de escuela, luego la adolescencia.  Son tantas decisiones que debemos tomar día con día, mientras que el mero hecho de hacer frente a nuevos comportamientos (buenos y malos) pueden consumir toda nuestra energía y tiempo.

Tarde o temprano, llega el momento en que un orgulloso adolescente  arranca a toda velocidad en el automóvil de la familia, para irse con su grupo de amigos, dejando a mamá o a papá sentados en la cada en silencio, rodeados de preguntas.  ¿Habrá empezado a fumar? ¿Qué hará respecto al sexo? ¿Confía lo suficiente en mí para decirme lo que le suceda en su vida? ¿Cree en sí mismo? ¿Es apto para tomar buenas decisiones acerca de su vida? ¿Habré hecho lo suficiente? ¿O habré hecho demasiado? ¿Fui un buen padre o una buena madre?

El regalo que podemos dar a nuestros hijos es tener una perspectiva de vida plena de esperanza, sin importar cuáles sean nuestras circunstancias – y todas las circunstancias independientemente de lo difíciles que sean ofrecen oportunidades para aprender y crecer.

Quizá una de las mejores cosas que podemos hacer en este momento es darnos tiempo para plantearnos a sí mismos una pregunta muy importante ¿qué es lo que en realidad queremos para nuestros hijos?

Quizá quieras que tus hijos tengan buen juicio para tomar decisiones, que sean responsables, confiables, amables, honestos, considerados, valientes, trabajadores, cariñosos; la lista de cada padre puede ser un poco diferente.  Lo que importa es que se dé cuenta de esto: lo que hacemos ahora como padres define el futuro de nuestros hijos.  Si queremos que nuestros chicos sean responsables, la manera en que reaccionemos ante el vaso de leche derramada, la rebeldía al horario establecido para regresar en la noche o la tarea sin hacer será la que inculque esas cualidades en ellos.

Estos pensamientos abruman a la mayoría de padres y pueden llevar a preguntarte ¿Cómo es posible que yo pueda hacer todo esto?… Simplemente recuerda que las herramientas más importantes son las que ya posees:  el amor por tus hijos, la sabiduría y el sentido común.  Su propia vida y las decisiones que tomen acerca de ella enseñarán a sus hijos una gran cantidad de cosas (algunas veces más de las que tu quisieras).

Si tuvieras que emprender un viaje por carretera a través del país, desde tu casa hacia un lugar que nunca has visitado antes, indudablemente que revisarías un mapa, planearías la mejor ruta, y te asegurarías de que tu automóvil se encontrara en las mejores condiciones.  Criar a nuestros hijos deber ser una jornada igualmente planeada con mucho cuidado.  Dedicar tiempo para establecer sus metas como padre y para pensar acerca de los resultados a largo plazo, le ahorrará una buena cantidad de problemas y confusión en el camino.  En el camino definitivamente habrá vueltas equivocadas y callejones sin salida, como los hay para todos los padres.

Darse tiempo para reflexionar sobre lo que queremos que aprendan nuestros hijos de la vida   –y de nosotros- es el primer paso básico en el camino hacia una saludable paternidad.

Te deseo unas lindas de fiestas de fin de año, una gran idea para iniciar este 2017 es plantear un primer objetivo para la relación con tus hijos.   Respondiendo las siguientes preguntas:

  1.  ¿Qués es el realidad lo que quiero para mis hijos?
  2. ¿Qué cualidades deseo que tengan cuando hayan iniciado su vida como adultos?
  3. ¿Lo que estoy haciendo ahora alimenta esas cualidades en ellos?

Unidos es mejor!

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Nancy

Madre, psicóloga y educadora certificada por Positive Discipline Association

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