Es importante como padres entender la diferencia entre un sentimiento y una manifestación emocional. Un  berrinche por ejemplo es una manifestación emocional, posiblemente al sentirse herido o un sentimiento de enojo.

Cuando somos capaces de sintonizarnos con nuestros propios sentimientos, sin juzgar o censurar, podemos entrar en sintonía con nuestra sabiduría interior para solucionar los problemas que están generando esos sentimientos.  Los sentimientos  nos brindan información valiosa sobre todo para comprender y acompañar a nuestros hijos en esas manifestaciones difíciles.

 Los niños aprenden cómo manejar sus sentimientos al ver a sus padres.  Y, desafortunadamente, la mayoría de los padres manejan sentimientos difíciles a través de expresiones emocionales. O bien sueltan sus emociones más fuertes sobre la gente que los rodea, o las ahogan por completo.  Los sentimientos que se quedan dentro, sin expresar, no desaparecen; simplemente se quedan enterrados.  Cuando finalmente salen a luz, los resultados pueden ser mucho más dañinos porque se les ha dejado fermentar.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a expresar sus sentimientos de manera que no se dañen a sí mismos ni a los demás.  Los niños (y adultos) necesitan saber que los sentimientos son diferentes de las acciones.  Los sentimientos siempre están bien, nunca son buenos o malos.  Lo que hacemos en cambio, puede ser apropiado o inapropiado.

Por ejemplo, uno puede sentirse enojado; lo que no está bien es utilizar ese enojo como excusa para golpear a alguien.  Muchos adultos no reconocen sus sentimientos, temiendo las acciones que estos sentimientos implican.

¿Cuántas veces hemos escuchado?  Un niño dice: “Estoy enojado porque ese niño no quiere jugar conmigo” y el adulto interviene:  “Mi amor, por eso no te enojas, hay tantos niños con quien jugar, busca otro y listo”.

Sería más saludable decirle al niño, “Sé lo enojado o herido que te sientes en este momento.  No puede dejar que golpees a ese niño”, pero veamos si podemos encontrar una forma para que expreses lo que sientes, sin herir a los demás”.

Fórmula para no olvidar:

Escucha activa

La escucha activa es el arte de escuchar y comprender los sentimientos de nuestros niños.  Ofrece al niño la oportunidad de sentirse entendido y de entender mejor las cosas confusas que siente – y aprender a darles un nombre-, y da oportunidad al adulto de explorar los sentimientos que se encuentran detrás del comportamiento del niño/adolescente. La escucha activa no significa necesariamente que el adulto esté de acuerdo con el niño/adolescente, pero si le permite sentirse comprendido –algo que todos necesitamos de vez en cuando- y una oportunidad para aclarar sus propios sentimientos y avanzar en la resolución del problema.

Entender y aceptar nuestros sentimientos y de nuestros chicos  son los primeros pasos para construir relaciones abiertas y de confianza;  aprender a escuchar los mensajes no verbales, expresarnos respetuosa y cuidadosamente y trabajar juntos para solucionar los problemas son los pasos siguientes para crear una relación plena y amorosa con tus chicos.

¿Estás buscando ayuda para manejar las emociones de tu hijo y las propias?

Semana a semana ayudamos a padres e hijos a conectarse afectivamente, a buscar habilidades de comunicación respetuosa que brinde la cooperación y armonía en su entorno familiar.  Suscríbete a nuestro blog en la parte inferior dejando tu correo electrónico y escríbenos para brindarte mayor información.  Siempre hay otras formar de apoyar a nuestros hijos!!!

Saludos,

Nancy Juárez /   Psicóloga Infantojuvenil  /  Educadora Certificada por Positive Discipline Association

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