El arte de la comunicación con nuestros Hijos

La COMUNICACIÓN se da de muchas formas diferentes.  Para los adultos las palabras son muy cómodas; usamos grandes cantidades de ellas (y luego nos asombramos de que nuestros hijos nos hagan a un lado).  Pero mucho de lo que “decimos” unos a otros sucede sin palabras.  El mensaje está implícito en nuestro lenguaje corporal y en nuestras energías.

Nuestras emociones crean una energía distintiva alrededor nuestro.  Generalmente comunicamos más con mensajes no verbales (nuestra expresión facial, nuestro tono de voz, nuestra postura) de lo que decimos con palabras.

Los niños son especialmente sensibles a los mensajes no verbales que envían los adultos. ¡Ellos pueden “leer” nuestra energía mucho antes de que aprendan a leer palabras!  Cuando las palabras de un adulto y sus mensajes no verbales  no concuerdan, instintivamente los niños confían en la parte no verbal.

Los padres también deben aprender a estar alerta ante las pistas no verbales de sus hijos.  Un niño normalmente animoso que llega de la escuela y se va en silencio a su habitación puede estar dando indicios de que necesita hablar.  Azotar la puerta, tener la quijada temblorosa o no poder dormir bien por las noches, pueden ser prueba de que su hijo necesita aclarar ciertos sentimientos con usted.

Cuando aprenda a asimilar a sus hijos y a expresar empatía con lo que sus hijos exteriorizan –tanto verbal como no verbalmente- permitirá que ellos piensen en lo que les está sucediendo, y éste será un momento ideal para sondear los verdaderos sentimientos.  Cuando rebate lo que ellos dicen (o les da sermones, o les ofrece soluciones antes de que estén listos) solamente los está desafiando a que discutan sobre su postura, o a que se nieguen a hablar por completo.  Y usted puede perder oportunidades muy importantes de aliviar, mostrar amor y consolidar la confianza.

Cómo Escuchar Activamente

UN NIÑO PUEDE DECIR: “Nadie quiere jugar conmigo”.  Una repuesta poco eficaz por parte de un padre sería: “Vamos, tienes muchos amigos.” Aunque la afirmación del padre pueda ser cierta, no reconoce el sentimiento del niño en ese momento –y cierra totalmente cualquier comunicación real que pudiera estarse dando.

Una respuesta activa sería: “Parece que piensas que no tienes amigos.  Veo que eso te entristece.”  Cuando el niño haya tenido oportunidad de responder, el padre puede seguir adelante con: “¿Hay algo más?” Esta pregunta generalmente hace brotar los sentimientos más profundamente enterrados.  Y  es importante que se pregunte con un interés y curiosidad genuinos, más que en tono de juicio.  (Después de todo, ¡a nadie le gusta ser interrogado!) De vez en cuando, lo que todos los niños/adolescentes  y a usted como adulto realmente necesitan es que alguien los escuche y los entienda.  La escucha activa, considera, motiva la empatía tanto en adultos como niños, y da a los padres  y educadores la oportunidad de entender, y así avanzar con las cosas verdaderamente importantes.

Como padres tenemos la posibilidad de iniciar una relación diferente.

Ese es el Reto!

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Con cariño,

Nancy
Certificada como Educadora en  Disciplina Positiva para acompañar Familias y  Centros Educativos. Psicopedagoga y terapeuta familiar.

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